Placardia

Esto es Hank

Posteado por: pierochepiu en: Septiembre 9, 2008

Hank

Miriam sostiene su micrófono como si ella fuera un arrecho novio susurrándole al oído de su amante: En tí / quiero continuar / En Tí. Vestida como un Dick Tracy gótico, ha inclinado su cuerpo, hasta rozar sus labios sobre la superficie áspera del micrófono. Actúa como si nadie la estuviera viendo. Como si todos fuéramos un gran espejo oscuro donde ella apenas se refleja. Miriam canta una balada, que según se lee en el libro del disco “Oscuro”, está dedicada a la chica que no se aguanto. “La chica que se convirtió en ese deseo, que tanto busco. La espera, nunca le alcanza. Era la chica que no se aguantaba”. Aferrada todavía a su posición de beso al final de una película, Miriam está a punto de terminar el coro para continuar con su propia interpretación de la canción. Somos alrededor de cien personas en el Molusco Bar y la banda que se llamó ‘Los muertos by The Killers”, “Miriam y sus pistoleros”, “Vicios” y, finalmente, “Hank” habían anunciado hace tres horas un concierto en contra de la publicidad excesiva.

Las personas que navegaban por su blog  “Pollerías Hank” están aquí. Siguiendo una vieja costumbre de los primeros conciertos, la mayor parte del público ha venido de negro entero. Hank, nunca fue dark ni punk, pero la banda insiste en que el negro es el color de su música. Durante el fin de semana suelen erupcionar en conciertos de este tipo. De una espontaneidad controlada, haciendo que cada presentación parezca un hecho fortuito. Pero es otro ensayo de esa presentación perfecta, que podría ser la última o quizás no. Obligando al fan a dejar sus planes para poder escucharlos. Como si ese sábado o viernes o domingo se convirtiera en una Meca momentánea. Algo que todos deberían hacer alguna vez en la vida, pero que no es para todos. Tienes que dejarlo todo. Ir.

Esta noche no será igual. Porque hay algo en ésta banda nacida en los pétalos caídos del otoño de 06. La única que hizo diez fechas completas en el Estadio Nacional y que en la mitad de la onceava intentaron separarse para siempre… y no lo consiguieron. Los engreídos de Charly García que el 2007 decidió pasar los meses de invierno en un departamento encima de los Hank. Los llamados por la revista Rolling Stone a convertirse en los mesías del rock para este siglo: Crimen Guevara, primera guitarra e incitadora de palmas, Puff R, bajo y gritos; Pancho, batería y eructos acompañan a Miriam, la estridencia con curvas. Su voz ya ha dejado atrás los coros y este es el momento exacto en que una vieja canción de Hank va a mutar. “Caricia Fernanda” tiene solo dos estrofas, la primera dice: Tengo un secreto / cuidando / mis labios / pintados / de azul / concreto. La segunda estrofa  dice: Quiero tener / adentro /esa semilla / que se / alimenta/ de cemento. Luego el coro se transforma en un mantra de un minuto:  y florecer / quiero florecer / en tí (BIS). Miriam continua gritando salvajemente: En tí / quiero continuar / En tí. Lleva un gesto de Elvis dibujado en sus labios, como quién escupe algunas palabras que ya perdieron el sabor. La banda sigue con el ritmo hipnótico emparentado con la balada megahit de Poison, cada rosa tiene su espina. Cuando Myriam ha terminado el aire de sus pulmones  su sombrero de copa sale volando, el saco cae en el suelo, la corbata ancha se desanuda. Ella cierra los ojos y golpea su muslo en busca de concentración. Incluso los autos de afuera y las parejas ruidosas respetan el momento:

Mientras mañana
yo habré terminado contigo
Mientras mañana
convertida en gases de deseo
estaré revolcándome
con todos los
Ángeles
Lakers

y al arcángel

Gabriel
también
amén

(aquí hay una pausa, menos de tres segundos antes de que se forme una sonrisa en sus labios)

querido diablo
no me esperes despierto
voy a llegar
con el advenimiento

pero esta noche
montada en el cielo, voy
los eclipses
me temeran
a mi
me temeran
a mi.

Crimen Guevara se lanza con un solo de guitarra que podría destruir todo el lugar si su amplificador no tuviera el porte de un ladrillo. Pero quienes destruiran los muebles rojos del Molusco Bar son los fans. Cuando lo recuerden se sentirán bendecidos. La única constante de Hank es improvisar todas las noches. Está noche nos pertenece. Seremos parte de su historia (quizás de este microconcierto salga un lado b. Miriam levanta el puño como un signo de victoria y la banda detrás de ella termina. Puff R, que es un poeta premiado cuando lleva el nombre de Diego Ramirez, saca un encendedor de plástico verde y lo prende. Miriam de espaldas, apenas hace un gesto y ya varios tienen la mano extendida con un cigarro. Metódicamente le saca el filtro a uno. Se voltea y sin decirse nada enciende su cigarrillo. Inmediatamente después Puff R. empieza con el punteo a lo misión imposible para introducir a las últimas canciones del set de esta noche. Más tarde, Miriam, bajará del pequeño escenario. Todos se abrirán paso. Les pedirá  al público que la rodeen, que esta canción no la puede cantar sola. Grita que esta noche el público del Molusco Bar  ha estado eufórico cuando debió estar eufórico, pide que todos estemos eufóricos otra vez,  porque aquí viene, aquí está, “Tres de la mañana”.

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