Posteado por: pierochepiu en: Octubre 11, 2009
Cuenta el curioso señor Gladwell que unos meses después que decidiera dejarse crecer el pelo hasta convertirse en un afro, unos policías lo detuvieron. Gladwell se apeó al costado del camino, y los oficiales con un tonito nervioson, le pidieron su identificación y que pusiera las manos donde las pudieran ver. Al periodista del Washington Post y del New Yorker, lo estaban confundiendo con un violador. No se enojo, las raíces jamaiquinas lo llenaban de una vibra pacífica. Pero el canadiense que llevaba dentro lo hizo detenerse ante este hecho. A observarlo como si fuera un testigo privilegiado del hecho, en vez del protagonista. A preguntarse por la razón de este incidente. Su rostro, no era igual al del violador. Tampoco la edad, un momento, el peinado era parecido pero no era exactamente el miso. Pero las armas de la policía apuntándolo decían lo contrario. Lo cierto era que nada semejante le había ocurrido cuando usaba el cabello recortado. ¿Puede el cabello de una persona convertirlo en una amenaza?
Octubre 21, 2009 a 8:57 pm
habló el mamón de vilela